Eres amor
El día que la vi por última vez, mi corazón se desangró
como un río que se desborda, llevándose consigo las
arenas movedizas del tiempo. Elisa, la hija mayor, me
miró con ojos tristes y me dijo: “Mamá está mal. No
puede caminar, y a mi hermana no le gusta que la
vean así”. Su voz era un susurro de hojas secas, un
lamento que se colaba por las grietas del alma. Elisa
era una mujer fuerte y decidida, con un corazón de
oro y una sonrisa que podía iluminar una habitación
entera. Pero, en ese momento, su mirada estaba llena
de tristeza y preocupación…